Reconstrucción(es) Sociedad Civil. Experiencias de reconstrucción en Chile post 27F desde la sociedad civil

65 el establecimiento de un diálogo con actores sociales como los/as niños y niñas, las mujeres, los/as pobres, los/as indígenas, quienes a su vez habitan otras esferas y territorios, como las del mundo privado, popular, inmaterial y cotidiano. Reflexiones finales Pasado el terremoto se dejan ver las grietas no solo en las construcciones, sino también en el entramado social. A más de un año del suceso, las reflexiones siguen mostrando la dificultad de un abordaje que no caiga en lo parcial, fragmentario y excluyente, que solo potencia ciertas voces y discursos amparados en nociones economicistas y de carácter de urgencia. Es así como la vivienda se presenta como la prioridad inmediata por parte del Estado, para los sectores vulnerables, donde abundan las soluciones precarias y temporales. Por otra parte, la mayoría de los fondos destinados para la reconstrucción suelen ser agenciados por las instituciones que concentran el poder político, económico y religioso, imponiendo un determinado patrón de reconstrucción que suele jerarquizar las construcciones más tradicionales y afines con sus propios modelos urbanísticos y arquitectónicos. Lo anterior contribuye a que los financiamientos involucrados en levantar una cierta localidad se encuentren predefinidos, sin posibilidad de negociar con la comunidad sobre qué tipo de patrimonio cultural es el que desean crear y preservar de modo que los identifique como colectividad, es decir, sin la oportunidad de participar de manera consciente, reflexiva y conjunta de su propio proceso de reconstrucción y desarrollo. Lo comunitario, basado en el diálogo entre institución y ciudadanía en general, es una opción totalmente denegada por parte de los aparatos y mecanismos públicos en esta materia. Ambos puntos han colocado en el debate el énfasis en la reconstrucción material, lo cual tiende a olvidar o desconocer que las personas otorgan a los espacios que habitan significados, funciones, sentidos, jerarquías, que distinguen unos de otros. Por lo tanto se requiere poner de manifiesto que, además de considerar el material que se utilice o las dimensiones de la vivienda, es necesario al mismo tiempo restituir una forma de vida que involucra rutinas, tránsitos, posiciones, usos, que permiten considerar un espacio como habitable. Esto último solo será posible en lamedida en que reconozcamos la necesidad apremiante de instaurar mecanismos dialógicos de co-re-construcción que fomenten el desarrollo de procesos reflexivos de abordaje de las catástrofes de manera que podamos no solo aprender de ellas en forma aislada, sino además sistematizar estrategias que nos permitan hacerlas parte de nuestra experiencia y nuestra memoria no solo como rupturas sino también como continuidades.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=