Lenguas adicionales en la educación superior chilena. Claves para un ecosistema académico local y global

UNIVERSIDAD DE CHILE » POLICY PAPER NÚM. 4 LENGUAS ADICIONALES EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR CHILENA 39 comprensible considerando la diversidad de destinatarios. Además, cuando las comunicaciones institucionales se dirijan a un público internacional, debería incluirse su traducción al inglés u otros idiomas, así como adoptarse lineamientos de lenguaje inclusivo según recomen- daciones internacionales (ONU, 2019). La claridad y la accesibilidad lin- güística fortalecen la transparencia y la participación, ya que permiten que la comunidad universitaria comprenda plenamente sus derechos, deberes y oportunidades dentro de la institución, sin que el «tecnicis- mo» idiomático constituya una barrera. Principio de responsabilidad social y liderazgo público Las universidades, especialmente las estatales y tradicionales, tienen la responsabilidad de proyectar un modelo de buenas prácticas lingüísticas al resto del sistema educativo. Esto implica asumir un rol de liderazgo en la promoción del multilingüismo y de la educación inclusiva, colaboran- do con organismos públicos, otras universidades y entes internacionales en la formulación de políticas y programas. Por ejemplo, una univer- sidad estatal puede liderar la creación de una red interuniversitaria de centros de idiomas o pilotear programas que luego puedan escalarse a nivel nacional. Este principio reconoce que, dada la misión pública de las universidades chilenas, su política lingüística no solo beneficia a su propia comunidad, sino que también puede generar impactos positivos en el país aportando investigación aplicada en la enseñanza de idiomas, apoyando al sistema escolar con capacitación docente y, entre otras me- didas, contribuyendo a las metas nacionales de bilingüismo. Principio de sostenibilidad e institucionalidad Para que la política de lenguas perdure y genere impacto, debe estar inscrita en la planificación estratégica de la institución y contar con recursos y mecanismos estables de evaluación y de mejora continua. Es fundamental crear estructuras formales —por ejemplo, una unidad o comisión institucional de políticas lingüísticas— con el mandato de implementar, monitorear y actualizar las iniciativas en este ámbito.

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