Pulvis et Umbra

23 Desde el instante en que comenzamos a existir en este cuerpo mortal, nunca dejamos de tender hacia la muerte (Agustín de Hipona, 426 d.C./1958, p. 871) Desde una perspectiva antropológica, el rito es una práctica social de ca- rácter religioso-ceremonial. Su característica principal es la repetición invariable de una acción regulada y emprendida por una comunidad cultural específica. El rito se entiende como un sistema simbólico complejo, que promueve la cohesión del grupo y fortalece su identidad. Al respecto, Rodrigo Moulian nos señala que los ritos son: “complejos sistemas de comportamientos a través de los cuales las comunidades ac- tualizan sus creencias y valores. La función de estos es regular las relaciones de los hombres con lo numinoso, es decir, el universo de lo mistérico y lo sagrado” (Moulian, 2002, p. 42). En atención al rito funerario, el antropólogo Arnold van Gennep menciona que se trata de un ritual de paso. A través de este se busca mediar la transición del fallecido y su familia a partir de tres momentos: la separación, que da cuenta del dece- so; la transición o margen, que responde a la preparación del cadáver; y la agregación, que corresponde al entierro (Van Gennep, 2008, p. 25). A la luz de estos principios, la muerte ha sido entendida como un acontecimiento que, mediante el ritual funerario, materializa simbólica y colectivamente la transición entre la vida y la muerte. Las primeras prácticas funerarias se sitúan en la prehistoria a par tir del entierro deliberado de los cuerpos en lugares específicos, condición que pone de EL ACONTECER DEL RITUAL FUNERARIO: UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA RODR IGO BRUNA

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