Pulvis et Umbra

20 Por otra parte, el diseño de la conformación espacial del panteón es muy similar a los planteados a comienzos del siglo XIX para España y Europa. Su planta es de forma rectangular, está dividido en amplios patios, rodeado de galerías porticadas y nichos. Destaca la entrada principal y su capilla de planta octogonal está en el centro del espacio. Toda esta edificación está rodeada de mausoleos, tumbas, nichos, esta- tuas, monumentos y esculturas, las que describiremos a continuación con el fin de cumplir con uno de nuestros objetivos, el cual es establecer una tipología de tumbas del Cementerio General de Chile. Como hemos señalado en párrafos anteriores, la arquitectura ha variado. Los modelos tradicionales, enmarcados en diseños impuestos, han derivado en formula- ciones adecuadas a los nuevos espacios. Estos últimos corresponden a indicaciones emanadas de reglamentaciones venidas de España que fueron aplicadas por los cons- tructores de la República especialmente para los cementerios latinoamericanos. Por lo tanto, existe una planificación adecuada a los tiempos modernos (siglo XIX). Son los constructores quienes, mediante diseños establecidos, aplican en el cementerio un modelo constructivo. Este se estructura con una avenida principal unida directamente a la capilla central del cementerio, a partir de la cual se desarrollan diferentes áreas, caracterizadas por innumerables rotondas que circundan el espacio central del pan- teón fúnebre. Se ordena, así, un conjunto de avenidas, calles y senderos de estructura diversa e irregular; estas se abren paso entre la vegetación funeraria y nos llevan a pensar en el concepto de “jardines escenas”, típicos de la época decimonónica. El cementerio refleja la unidad, pero a su vez denota o persigue caracterizar la igualdad social que debe darse en torno al fenómeno de la muerte (elemento sus- tancial que estrecha las relaciones entre vivos y muertos). En este espacio, se unen, en un mismo tiempo, la religiosidad —lo espiritual— y lo racional, aspectos que se ajustan a las prácticas sociales en boga. Con esto no queremos señalar que no existe arquitectura, sino que las construcciones se adecúan a las necesidades. Su presencia se limita a elementos muy concretos, los que coinciden con servicios que la institución requiere. Este último aspecto se caracteriza por la construcción en vertical. Se trata de los enterramientos en nichos, que algunos expertos consideran uno de los grandes tabúes de los bien intencionados proyectos del XIX, pero que no fueron más que un alivio espacial de tipo coyuntural. Esta adecuación tiene que ver con la dimensión asociada a las grandes necrópolis. Aquí la ostentación muchas veces supera las nece- sidades mínimas del cementerio, es decir, sepulturas y servicios básicos.

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