Participación de personas con discapacidad en la educación sexual y afectiva integral (ESAI)
34 PARTICIPACIÓN DE PERSONAS CON DISCAPACIDAD EN LA ESAI Una educación en sexualidad y afectividad debe ser temprana, integral, participativa y accesible. La educación en sexualidad y afectividad es una inversión en la salud, se- guridad y bienestar de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Su propósito es proveer a las y los educadores de herramientas, conocimientos y habilidades que ayuden a navegar el ámbito de las relaciones, con otras personas y con una misma (UNESCO et al., 2021). La Educación Sexual y Afectiva Integral (ESAI) debe ser universal, garanti- zando el derecho a la educación para el bienestar, la autonomía y la igual- dad de todas las personas. Una ESAI plena debe reconocer la diversidad humana, incluyendo las distintas formas de vivir, sentir, relacionarse y ex- perimentar el cuerpo, la identidad y los vínculos afectivos. Esto es crucial en escuelas donde asisten estudiantes con discapacidad, donde la ESAI debe ser una práctica educativa que responda a la diversidad funcional de toda la comunidad. Garantizar la universalidad de la ESAI implica un compromiso institucional con la inclusión, centrando los esfuerzos en medidas de accesibilidad, servi- cios de apoyo y ajustes razonables. Las barreras (físicas, sensoriales, cogni- tivas, comunicacionales o actitudinales) son responsabilidad de la institución, no limitaciones de las personas. En la actualidad, muchas comunidades educativas se ven obligadas a impro- visar adaptaciones de los contenidos y metodologías de la ESAI, debido a la falta de orientaciones actualizadas y recursos accesibles y de libre disposi- ción. Esta situación refuerza la necesidad de pasar del enfoque de adapta- ción al enfoque de transformación, donde la inclusión sea parte estructural de la planificación educativa y no un ajuste posterior. Una ESAI inclusiva transforma las prácticas pedagógicas, los entornos y las culturas escolares. Implica rediseñar las formas en que enseñamos, evalua- mos y convivimos, para que ninguna persona quede excluida por su forma de aprender, comunicarse o relacionarse. También requiere desmontar los modelos y paradigmas educativos y de atención en salud que históricamente han cuestionado el ejercicio de la sexualidad de las PcD, promoviendo su comprensión positiva y social como dimensión esencial de toda vida humana.
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