Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)
Para que nadie quede atrás 269 Anita Martínez Azúa LA SOÑADORA DE UNA PENA INFINITA Por Anita Luisa Torrejón Anita Martínez Azúa. Una vida y muchas vidas. Una nube la iba a visitar todas las mañanas y la acompañaba hasta el mediodía. “Por eso me despierto temprano “, contaba. “ Pienso que algún día encontraré a mi niño durmiendo entre ellas”. Así era Anita Martínez: soñadora, imaginativa, siempre dispuesta a pincelar con los más bellos colores los oscuros recovecos que aparecían en su permanente andar, como la muerte prematura de su pequeño Leonardo. Lúdica e imaginativa, desde el primer día de clases en la Escuela de Periodismo de la calle Los Aromos, en ese lejano 1966, llamaba la atención por sus iluminados ojos verdes y su aire que invitaba a la amistad. Poseía un gran talento para poner una gota de humanidad en los relatos más duros, como los que escribía en las crónicas policiales de La Tercera. Disfrutaba su casa y era excelente anfitriona como lo pudimos apreciar con Patricia Guerra, su gran amiga de toda la vida, cuan- do íbamos a almorzar a su casa, un grato y acogedor departamen- to en la avenida Irarrázaval. Nos preparaba unas pailas exquisitas, pastas y postres hechos por ella. Mano de monja. Formó familia con el periodista de Canal 13, Luis Alfonso Tapia, su amor eterno, conocido en los medios profesionales como el Milico Tapia. Se veía y sentía feliz y realizada. No extrañaba en ab- soluto su vida reporteril. El menor de sus tres hijos, Álvaro Tapia Martínez, siguió la vocación periodística de sus padres y ha traba- jado en Viña del Mar y Santiago. Volvamos a Anita. Vivió en Uruguay cuando su esposo fue desig- nado agregado de Prensa en la embajada chilena. La estadía en ese país no fue grata para ella. “Reuniones aburridas, gente aburrida”, así recordaba ese periodo deseando volver pronto a Chile. Por fin vino el retorno y se instalaron en Viña del Mar, donde Luis Alfonso Tapia representaba a Canal 13. Pero no fue un regreso feliz. En Viña del Mar Anita sintió que
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