Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)
244 afrenta para la memoria de los caídos en la resistencia anti dictato- rial luchando por una verdadera democracia. De su experiencia en Punto Final, María Eugenia recordó también con emoción, conversaciones con la compañera exiliada y guerri- llera brasileña Jane Vanini, “de presencia discreta”, y secretaria en ese medio. Jane, luego militante del MIR, murió en 1974 en des- igual combate con efectivos de la Armada en la población Lorenzo Arenas de Concepción. Para María Eugenia, Jane encarna el con- cepto de la Patria Grande, “un discurso que hoy está casi olvidado” y que guió su propia vida en el exilio. Nos contó a propósito de ello: “Fui parte del «renacer» de Punto Final en México, ya que en Chile la revista fue clausurada y sus redactores perseguidos, encarcelados y algunos, asesinados. Lo importante fue el trabajo de Mario Díaz que concibió esa edición internacional, junto a la colaboración magnífica de Pepone (José Carrasco) y de muchos otros compa- ñeros latinoamericanos y también de internacionalistas canadien- ses que venían de Quebec y Montreal. Era la revista que buscaban entonces los revolucionarios de todas las tendencias y también los cristianos revolucionarios, para conocer, para identificarse, lo que sirvió para algo muy relevante: cohesionar el pensamiento revolu- cionario de la época”. Tras su muerte, el exdirector de la Escuela de Periodismo Gustavo González destacó la vocación solidaria y profesional de María Eu- genia Saul. “María Eugenia siempre tuvo un interés por desarrollar un periodismo con un fuerte sen- tido social y político, haciendo de ella una muy buena profesio- nal, pero igualmente una muy buena persona. Fue muy solida- ria siempre con quienes la ro- dearon. La última vez que tuve oportunidad de verla fue en un homenaje que organizamos con la Escuela para el periodis- ta Luis Durán, nuestro com- pañero detenido-desaparecido desde 1974, donde ella partici- pó muy comprometidamente. Todos quienes somos parte de su generación la recordaremos con mucho cariño y admira- ción”, comentó. Resulta paradojal que la perio- dista, fallecida por un paro res- piratorio, haya vivido sus últi- mas horas en medio del Estado de emergencia y cuarentena, reviviendo de cierta manera ese brutal corte del año 73. La misma noche de su muerte, era detenido por horas un camaró- grafo de la Señal 3 de La Victoria, y arreciaban las detenciones en protestas por el hambre en poblaciones. Al mismo tiempo, el renacimiento de los “Comprando Juntos” y las Ollas Comunes, formas de organización que florecieron en tiem- pos de dictadura, generaba redes de resistencia al corona virus que enfrentaban la represión. En paralelo, la censura oficial intentaba acallar incluso a artistas como los de Delight Lab, querellados por proyectar las palabras “Hambre” y “Humanidad” en el edificio de la Telefónica. El legado de la periodista de los primeros años de Punto Final, se expresa también en su descendencia directa, con dos generaciones de comunicadoras comprometidas con las luchas sociales, la aca- démica y vicedecana de la Facultad de Comunicación e Imagen, María Eugenia Domínguez Saul, y a su nieta, la periodista Eloísa González. El contexto pandémico de 2020 impidió que ellas reci- bieran en forma directa la solidaridad, respeto y cariño de los y las compañeros y colegas de su generación. Después del despertar Foto familiar con su hija María Eugenia “Kenya” Domínguez. Su nieta Eloísa González. En la ruta del periodismo comprometido.
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