Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)
Para que nadie quede atrás 243 La periodista Gladys Díaz, ex dirigente del MIR y sobrevivien- te de prisión política y tortura, entristecida por el fallecimiento de su amiga y colega, rememoró los tiempos que compartieron: “Estuvimos juntas en distintas etapas de la vida, me siento muy ligada a ella. Entramos el mismo año a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. Era muy estudiosa, y a la vez graciosa y atractiva, de gran simpatía, una líder en el grupo. Trabajamos juntas en los años 60 en Radio Agricultura por ocho años. Ambas estábamos casadas y nos separamos en la misma fecha… com- partimos así los dramas de la vida y también los tiempos hermo- sos. Después del trabajo nos íbamos con Pepe Gómez López y el Flaco (Eugenio) Lira Massi, a tomar algo por ahí. María Eugenia era muy inteligente y siempre estaba promoviendo nuevos temas. Inicialmente estuvo ligada a la Democracia Cristiana pero alre- dedor del año 71, ya radicalizada, ingresó al MIR, donde fue una aguerrida militante, en ese tiempo muy clandestina y sumergida. Ella trabajaba ya en Radio Corporación y colaboraba, al igual que yo, en Punto Final”. En nuestra conversación en el Café Torres, María Eugenia mostra- ba su profundo dolor por la dispersión de la izquierda y con lúci- da mirada analizaba críticamente el periodismo actual y el modelo neoliberal heredado de la dictadura y consolidado por las políti- cas de la Concertación. Le dolía esa traición, que consideraba una En una mirada retrospectiva, junto a la crítica del periodismo que actualmente se ejerce en Chile en los medios tradicionales, Ma- ría Eugenia reafirmó su compromiso con el tipo de periodismo que ejerció a lo largo de su vida. Muy dolida por el cierre de PF, recuerda en la entrevista sus orígenes: “Llegando a la revista, Ma- nuel Cabieses me envió a reportear el Cordón Cerrillos. A partir de ese momento empiezo a transitar por otra parte de la actuali- dad, que no conocíamos y se ocultaba generalmente, ese mundo distinto que empezamos a reflejar con las tomas de las tierras por los campesinos, las tomas de terrenos de los pobladores por te- ner una vivienda, y los movimientos. Me parece que eso fue muy importante, porque cada uno descubre un camino, para llegar a saber exactamente lo que todo periodista debe saber, en qué so- ciedad finalmente vivimos”. En el aniversario N°50 de Punto Final, el año 2015, ya de regreso en Chile, la periodista ratificaba esa convicción considerando la revista como un referente revolucionario y haciendo un recuento de las luchas allí reflejadas a nivel global y latinoamericano. Encuentro Amigos de Punto Final. En primera fila: Manuel Cabieses, María Eugenia, el economista Manuel Hidalgo y Lucía Sepúlveda. En los años 60 y ´70 La Patria Grande en su vida En el exilio, María Eugenia siguió ligada a la izquierda revolucio- naria, contó Gladys. “Luego del golpe, el MIR le pidió hacerse cargo de tareas de co- municaciones en el exterior. Así, ella colaboró en México con el Correo de la Resistencia, el primer órgano internacional creado por el MIR para difundir los crímenes de la dictadura. Yo le en- viaba información directamente. En Nicaragua, tras el triunfo del sandinismo, María Eugenia encabezó la creación de una Agencia Nicaragüense de Noticias donde entre muchos logros, difundía el proceso de alfabetización, en el que participó también su hija”. “Nuestros hijos eran adolescentes y como mamás enfrentábamos también juntas esa etapa. En Canadá, ella creó en Montreal una red extraordinaria de apoyo a las tareas de la resistencia y la lucha en Chile. Nos reunimos allí, fue una red activa por muchos años”, agregó.
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