Para que nadie que atrás. A la memoria de nuestras(os) compañeras(os) y maestras(os)

Para que nadie quede atrás 235 Se definía como una mujer tímida. Eso no le impidió desarrollar una intensa labor profesional, gremial y de subsistencia, esto últi- mo para soportar la cesantía durante la dictadura. Su primera pasión fue el cine, estimulada por el profesor de audio- visual de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, don Raúl Aicardi. Así le llamábamos todos quienes fuimos sus alum- nos. Gran maestro, gracias a sus contactos Lidia ingresó a la mítica revista Ecran, la única de cine que existía entonces. En 1961, cuando sólo tenía 23 años, fue nombrada subdirectora y ahí comenzó una etapa vertiginosa de viajes y más viajes por Es- tados Unidos, México y Europa, entrevistando a las estrellas del celuloide. La lista es larga, pero muchos de esos nombres poco significan para las nuevas generaciones. En sus memorias publi- cadas en 2018 con el título De la farándula a la trinchera , desta- ca a dos figuras: Gregory Peck y Jack Lemon. Este último, años después se nos haría inolvidable para los chilenos por su papel en la película Missing encarnando al padre del periodista esta- dounidense Charles Horman, detenido y desaparecido en los días posteriores al golpe de Estado. En paralelo a su trabajo en Ecran , Lidia colaboraba con el periódico del arzobispado de Santiago La Voz, donde publicaba sus críticas de cine, lo que le permitió también contactarse con la Oficina Ca- tólica Internacional del Cine, OCIC, creada en 1928 para difundir los valores cristianos. En esos años ella era una católica militante y como tal asistió a varios encuentros y seminarios internacionales organizados por la OCIC, donde más de una vez expuso sus po- nencias. Pero el cine no era lo único que le interesaba. Simpatizante de la Democracia Cristiana, vivió el fervor que despertó la candidatura de Eduardo Frei Montalva y comenzó a participar en un grupo de profesionales afines, quienes le encargaron realizar un programa radial de apoyo a la candidatura, que se transmitía los domingos por diversas emisoras a lo largo del país. Así comenzó a asomarse a la política, sin entonces intuir hasta dónde la llevaría. UNA HIJA DE SU TIEMPO Por Gabriela Meza

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