La palabra maldita y otros escritos urgentes

76 vengan los discursos de la Cámara y los artículos de periódico a decir en país sin información de este orden, miedecillos vestidos de derecho, defen- diendo con ello intereses abusivos. Por otra parte, para los campesinos, nada más favorable que un reparto agrario realizado sin revo- lución. Bueno es que sepan que la reforma agraria mexicana se mantiene en una zozobra permanente, temiendo de cada elección presidencial, porque salió de una revuelta y por cada revuelta teme y tiembla. Con la muerte de su jefe, el general Obre- gón, el agrarismo mexicano —con todos sus defec- tos, yo estimo— vuelve a hallarse en peligro de ser rectificado. En una reforma agraria sin sangre, el campesino chileno puede descansar; dormirá tran- quilo; se pondrá al trabajo de su parcela sin vol- tear la cabeza a todos lados husmeando el riesgo; recibirá, ya con razón de ser, la instrucción agrí- cola que le falta para el cultivo intenso; cuidará con celo de dueño sus cooperativas y se compro- meterá, sin temor del día siguiente, en la compra de su maquinaria moderna.

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