La palabra maldita y otros escritos urgentes

70 en cambio, es la lealtad misma; yo no sé darle en el viejo amor fuerte que le tengo mejor nombre que ese de leal. Los Brasiles y las Venezuelas ya pueden descuidar un poco la piel vegetal, porque la tienen grande y hasta debe darles un bostezo de fatiga: llano, más llano; y bosque más selva. Porque nosotros poseemos un mínimo del enorme reparto forestal que es la América, esta- mos destinados al cuidado meticuloso del suelo, a una cultura ejemplar, fina hasta el preciosismo vegetal, en la que han acabado los países peque- ños, las Suizas y las Bélgicas. Que la Argentina defienda, si puede, su latifundio como un estado natural que le crea la generosidad geográfica. Yo digo si puede, porque el legítimo rezongo contra el latifundio también ha empezado allá. Nosotros, el Chile angustiado de suelo, mitad roca volcánica, un tercio desierto, sin más tierra verdadera que el llano central, no puede seguir viviendo el latifun- dismo sino como despreocupación inconcebible o como amparo deliberado de un régimen bárbaro. Yo no necesito hablar de Francia, la bien par- celada, especie de pulido dominó verde y dorado

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