La palabra maldita y otros escritos urgentes
63 y no comprende el encanto y la alteza que tiene esa diosa para las almas grandes. Que sea la Estela que sueña en su obra Flam- marion; compartiendo con el astrónomo la sole- dad excelsa de su vida; la Estela que no llora la pérdida de sus diamantes ni vive infeliz lejos de la adulación que forma el vicio deplorable de la mujer elegante. Honor a los representantes del pueblo que en sus programas de trabajo por él incluya la instruc- ción de la mujer; a ellos que se proponen luchar por su engrandecimiento, ¡éxito y victoria!
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