La palabra maldita y otros escritos urgentes

47 la jauría, esta vez hasta ser fantástica: sobre unas lomas caerán cinco mil bombas y decenas de aero- planos. También equivale la frase a la otra de uso primitivo: «Tantos miles de pesos por tal cabeza», usada en toda tierra por los hombres de presa. Lástima grande que la cabeza enlodada del herrero, que la prensa yanqui llama de «bandido», sea, por rara ocurrencia, una cabeza a la cual sigue anhelante el continente donde vive toda su raza y una pieza que desde Europa llaman de héroe nato, y de criatura providencial los que saben nombrar bien. El herrero se parece más a Hércules que al Plu- tón infernal que ve Mr. Hoover. Enlodado corre por las cuchillas, a causa de los pantanos en que ha de escurrirse como culebra; carga las dos o tres pisto- las que le dan las fotografías malignas de los sema- narios neoyorquinos porque corre perseguido por los ajenos y los propios, y cada árbol y cada pie- dra de su región le son desleales; y su defensa toma aspecto de locura porque vive un caso fabuloso como para voltear a cualquiera la masa de la sangre. Desde los años 1810, o sea, desde el aluvión guerrero que bajó de México y Caracas hasta

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