La palabra maldita y otros escritos urgentes
37 menos desdeñados que el protector que les conce- derá cierta honra porque son, al cabo, el hermano o el pariente de «aquel Sandino». Suelo arrebatado pulgada a pulgada, como es el de la zona rebelde, y no entregado como una pieza de lienzo, suelo mordido por la granada de los aeroplanos, por el precio infinito de la hazaña y que centuplica los fusiles y las máquinas inferna- les, cobra el valor de sus poblaciones como que se vuelve la carne viva de la historia. Echa este rec- tángulo de suelo un aroma de santidad que puri- fica el resto deshonrado y hace recordar y bajar la cara a los que malamente llegan a dominar seme- jante lote de gentes y de naturaleza. Ya se ve —¿por qué no decirlo, aunque los bur- lones se rían con su fácil sonrisa?—, ya se ve un culebreo de resplandor eléctrico sobre esas sierras que dan escondite al pobre y heroico Sandino, y se mira hacia esa uña geográfica de su quebrada con un angustioso amor que pide, día a día, mensajes para saber si el caudillo vive. El ángel de los oficios no le dio en vano el de herrero: iba a necesitar el hacha más ligera para
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=