La palabra maldita y otros escritos urgentes
29 la suerte de nuestros cuerpos y nuestras almas, y para ello debemos mantener en nuestras discusio- nes una conciencia liberada y lúcida. No nos cega- remos por el humo de la pasión ni por la flaqueza de los pueblos nuevos cuya voz se parece a la de los coros infantiles. Nuestra América ya no es un vagido en el aire del mundo; ella es una voz ancha que bien podría volverse poderosa en el cónclave de la onu, si quisiéramos, en bien del mundo, for- mar un bloque verdadero de nuestros veinte paí- ses, un anillo férreo de resistencias morales. La paz que andamos buscando a tanteos y en menudas sociedades locales, en grupos generosos pero inválidos, debería salirnos entera y rápida de aquellas Naciones Unidas, creadas para tal encargo y misión. Nuestras veintiún delegaciones bien podrían obrar allí más y mejor, y hacerlo sin timideces y zigzagueos, volviéndose así un poder real dentro de la casa de Lake Success. Pero tal vez allí seguimos siendo angostamente nacionales, y flacos, a causa de que la unidad de nuestros pueblos no llega a su sazón, y apenas si parece pergeñada. Y es que todavía no tomamos
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