La palabra maldita y otros escritos urgentes
22 larga paz laboriosa y la atención colectiva centrada en esos temas. Así y todo, no podemos ver con indiferencia la situación en extremo inquietante producida por la tensión mundial, pues cerrar los ojos a este hecho sería necedad o hipocresía. La suerte de la cultura occidental, conforma- dora de la nuestra, y la debacle económica que traería otro conflicto mundial, no son cosas que dejen yertos a estos veintiún pueblos, que tal vez sean los más sensibles entre los del mundo. Sen- sibles somos, y hasta de más, en cuanto a nietos de la desgraciada Europa y en cuanto a miembros de la cristiandad. El Congreso de la Paz no erró al escoger este país como su sede. México sigue siendo una patria libérrima y empapada de humanidad. No necesita nuestro congreso de mucha puja para convencer sobre las lacras de la guerra y sobre la zoología pura que ella entraña. La raza iberoamericana, inteli- gente e informada del mundo, se sabe bien la lec- ción primaria del valor de la paz y, por sabérselo, México alberga en un momento de zozobra esta
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=