Las potencias vitales de las tierras fronterizas
60 Así, fnalmente, podemos constatar que una psicopolítica del arte evidencia la forma de ‘trabajo’ (ascholé) que esconde el arte. Es decir, su dimensión estrictamente operativa con la axio- mática capitalista, transformando al artista en un especialista de lo sensible . ECOLOGÍA DEL ARTE Para comenzar a diagramar una propues- ta que supere las ataduras sistémicas en las que se encuentra sujeto el artista, y así comenzar a canalizar los espacios del tiempo alternativo a la lógica de la vita activa , es necesario desarrollar una ecología temporal no utilitaria en el corazón de la práctica artística. Por ‘ecología’ nos plegaremos a la defnición ecosófca del término desarrollada por Félix Guattari. Generalmente, cuando el con- cepto de ecología entra en escena en los debates públicos, políticos y medioambientales, rápida y estrictamente lo asociamos a un fenómeno de problemáticas puramente geofísicas o injerentes a la biosfera. Sin embargo, la defnición guatta- riana de ecología experimenta una ampliación conceptual bastante signifcativa, al considerar, no sólo el defecto visual de los paisajes y sistemas medioambientales que nos rodean, sino, también, los defectos incorporales, los defectos asociados a la imaginación y el medioambiente inmaterial. Esto quiere decir, a su vez, que el debilitamiento de nuestro hábitat no sólo consiste en las relacio- nes nefastas que tenemos con los medioambientes naturales y paisajísticos; nuestros vínculos con las plantas y los animales no son sólo una relación en- tre el sujeto excepcionalmente humano y el resto de los elementos o seres vivientes que nos rodean. Existe, de manera más integral, unmedioambiente ‘ecosófco’, es decir: […] si en el corazón del objeto ecológico in- troducimos problemáticas ecosistémicas, no sólo de la vida social, sino también del arte, de los universos incorporales matemáticos, introduciremos dimensiones personales, di- mensiones del inconsciente, de la subjetivi- dad y, más importante aún, dimensiones que llamaría ético-políticas. Porque finalmente, lo que caracteriza para mí este tipo de máquina ecosófica es que no se trata sólo de una ma- teria concreta, sistémica, sino también moral y política (Guattari, 2020, p. 300). la concatenación autopoiética de procesos en unidad física, entonces, distingue a las máqui- nas autopoiéticas de todo otro tipo de unidad. En efecto: en una máquina hecha por el hom- bre, como un automóvil, hay una organización dada en términos de procesos. Sin embargo éstos no son procesos de producción de com- ponentes que especifiquen al automóvil como una unidad, ya que aquéllos son producidos por otros procesos que no participan en la de- finición de la organización del automóvil. Má- quinas de este tipo son sistemas dinámicos no autopoiéticos (Varela & Maturana, 2003, pp. 69-70). De este modo, existen ecologías sonoras, ecologías lingüísticas, ecologías de los signos, eco- logía del inconsciente, etc. La experiencia ecosóf- ca, que nunca es exclusivamente subjetiva, produ- ce un holismo inmaterial que podemos denominar ecosistema sensible, o bien, máquinas sensibles. Lo maquínico –al igual que la conceptuali- zación de la ecología– no debe reducirse a la pura signifcación mecanicista e industrial, que se dife- rencia de los sistemas biológicos. Una máquina vi- viente, por ejemplo, se constituye a partir de seres vivientes autopoiéticos, pues, Unamáquina sensible, en este caso, es capaz de procesar sus propios elementos y componentes inmateriales que permiten el desarrollo subjetivo y holístico de los ambientes culturales. Una máqui- na sensible, es decir, un ecosistema de lo sensible, tiene la tarea de conservar y proteger los elemen- tos inmateriales que nos rodean, elementos incor-
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