Un puñado de almendras

91 Los astros señalaron la matanza como guardianes de nuestro secreto pero era tarde y fue niebla quema y naves anunciando aflorar Al siguiente pestañeo de olas estelas brasas desplomadas iluminaron el cielo como un rayo que demora en ramificar la oscuridad perpetua de su bóveda Del cielo caían astillas y cenizas y nuestros cuerpos desnudos se fueron vistiendo en las entrañas del océano irradiando nuestros párpados hasta la pregunta Ya sabíamos de nosotras islas desparramadas bajo dioses imposibles de nombrar No future ¿Y ahora qué? Que cada ojo negocie por sí mismo

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=