Un puñado de almendras

87 Recuerdo una danza de insectos estrellándose uno a uno en la tierna flor de tu diadema un museo de pequeños invertebrados que mecían tus cabellos Una estela de criaturas tendidas hebra a hebra como una tarde bajo el sol Luego no sé qué dijiste pero bastó con ese gesto dientes contra labios para tornar tu cuerpo en selva que florece tras el temporal

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