Un puñado de almendras
29 devastado, saben que van a vencer. Defienden y se res- guardan, pero sonriendo y sin miedo. La guerra contra las mujeres que empezó con la Conquista continúa en los pliegues del presente colonial, por eso su floreci- miento es nuestra venganza no buscada. Bienvenido este trueno, luego viene la serenidad. Así se comporta la Palabra, que cuando pasa el re- molino deja en recíproca ofrenda sus pétalos a tus pies. Tu poesía es como espora, lamngen, va dejando su energía en otros sitios, viaja con el viento, vibra desde la humildad. Una poesía que teje y enseña la amistad con todo lo existente. Sigamos soñando con caballos que hacen awün en el sueño. Cantos de Daniela Catrileo, lleguen en su wampo donde deben, honren la imagen de antiguos lafkenche que supieron de comunidad. Poyeyu, ñaña Katrü Lewfü, seguro que tu kümpem saca el canto desde el agua que transita entre las pie- dras. Que tu poesía sirva para perdonar y dar permiso, porque como dijo el compañero Bertolt Brecht: «cuan- do la herida ya no duele, duele la cicatriz».
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