Un puñado de almendras

146 Nunca tuve casa, estoy repartida y fragmentada en este cuerpo escrito en islas. Diseminada en savia de viejos foye del camino. No hay más que viaje, una y otra vez. Aunque también hay lenguas que amanecen del canto, fibras del gesto. Pestañas que dicen, que son. ¿Y si yo pudiera regresar? Como si de estos ojos naciera un territorio. No hay más que voces en esta matriz del nudo. Ese espacio que nunca tendrá nombre propio. Antes que mis huesos se descompongan, antes que la articulación sea amputación. Tengo un fantasma por hogar. Lo puedo manejar al antojo de un abandono. El espacio como nudo amarra un puñado de insectos. Mi lugar huérfano y expulsado, mi braceo imaginario ante la desidia. Mi regreso como quien le prende velas a sus muertos, como quien despierta de un largo sueño esperando sobrevivir.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=