Un puñado de almendras

145 Se ven los volcanes. Caminitos de aromos, árboles universos con un nudo de ramas y musgos hacia el interior. La vida sucede de tal manera que no quisiera volver. Lo que se abandona. Lo que sigue. Siempre es fácil hablar desde la distancia. En el juego y en el fuego es otra cosa. Hay que sostener la mirada, el ojo sobre los montajes y sobrellevar el duelo. El estero, el agua, el sol profundo al despertar. El tren de carga, los alerces, el canelo. La construcción del rewe, el duelo. Tanto olvido en un solo cielo estrellado.

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