Un puñado de almendras
135 Una luz amarilla manteles plásticos algunas guirnaldas cuelgan la televisión encendida dejo mi mochila sobre la mesa y un olor a fritura se impregna en el aire con mis ojos exploro las arrugas en la pared espero que alguien me atienda. Aparece una mujer le pido una cerveza. —Usted no es de aquí, dice. ¿cómo responder aquello? Mientras escribo esto, trae un café y vuelve a desaparecer.
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