Un puñado de almendras
112 Me acostumbré a dormir con los ojos abiertos como los peces o las víboras Aunque las pesadillas me confunden con el recuerdo de verte al amanecer cuando atraviesa la primera bomba sobre los campos que fueron tus días Pienso en E l l a antes de encontrar la muerte —es como si te dijera mis temores en voz alta— Imagino el calor de su piel como una mantis aferrada a un trocito de ortiga su cabeza apoyada en mis piernas mis manos enterradas en su pelo de fondo una explosión calcinando la última morada Apoyo mi oído en el retumbar de la tierra pero la memoria evoca el palpitar de su corazón -estallido que aflora- Sus ojos entrecerrándose y E l l a E l l a sonriendo
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