Reordenamiento de los días
22 preguntarse, a sus 74 años, cuánto ha caminado Elvira Hernández para escribir lo que ha escrito, para llegar a mirar lo que ha mirado. En parte, su escritura da cuenta de ello, y al igual que su autora, justa o injustamente, esta ha sabido permanecer inadvertida. Es ese semblante sigiloso, de mirada crítica y paso encendido, el que celebramos en esta edición de Biblio- teca Esencial. En un tiempo en que las librerías eran vaciadas y el libro incendiario era arrojado a la hoguera, Elvira Hernández —junto a toda una generación— supo hallarle palabra a un nuevo mundo que nada tuvo que ver con el arrojo por los nuevos comienzos. Una au- tora que se opuso a la literatura de puerta cerrada y al literato de gabinete, y salió a la calle y desde allí puso la palabra en circulación clandestina. Hay en ello toda una apuesta que nos invita a pensar en nuestros modos de elaborar pensamiento, y de cómo el poema y la es- critura circulan; en qué espacios se producen; dónde se concentran; cómo se posicionan frente al poder y sus sentidos comunes. Cuando tuvieron que pasar 73 años para que una poeta volviera a ganar el Premio Nacional de Literatura, que esta edición, en su formato accesible, sirva para abrir nuevos flancos y que, al mismo tiem- po que un evento a celebrar, sea una llamada al deteni- miento y a la advertencia. Gabriel Lane
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