Reordenamiento de los días
15 Cuando se trata de organizar la obra de Elvira Hernán- dez, trazar genealogías, rutas de entrada y de salida —y sobre todo de salida—, entramos a cráneo partido en un problema sin raíz ni horizonte. Porque con la obra de Elvira Hernández, si es que no hablamos de tan solo uno de sus libros, por dónde comenzar, cuando muchos de ellos fueron publicados diez, veinte años después que se escribieran, en un proceso de abierta construc- ción y suspicacia profunda, incluso, sobre sus propios recursos. Obra demorada pero sostenida, «animal de muchas cabezas», este también es el caso del Reordena- miento de los días , parte por el todo que en correspon- dencia con la obra mayor de su autora nació menos por un empeño programático que por la retención de una experiencia colectiva, capturada y dejada leudar. Quizás, en el desciframiento de sus claves es nece- sario tomarse un segundo; no tomárselo tan de prisa; quizá «para apurarse, hay que atrasarse, y esa la única manera para ver lo que hay que ver», diría la propia Elvira citando a Gonzalo Rojas; y habría que salir a ca-
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=