Derechos humanos en Chile. Pasado, presente y futuro

205 contexto sus luchas adquirieron el carácter de luchas civiles, laborales, socia- les o políticas, que tuvieron un denominador común: la discriminación racial. Tal como lo reconoció la ONU en 2001, el racismo es la principal herencia en nuestras sociedades del colonialismo europeo y la trata esclavista. Medio siglo antes que la ONU, en el marco del fin de la Segunda Guerra Mundial y del conocimiento de los horrores del Holocausto judío, Aimé Césaire publicó en 1950 su ensayo Discurso sobre el colonialismo , en el que ya daba cuenta del estrecho vínculo entre colonialismo, esclavitud y racismo. Por entonces, Césaire era conocido como uno de los principales exponen- tes del movimiento poético de la Négritude y como el representante político en la Asamblea Nacional Francesa de Martinica, su isla natal ubicada en el Ca- ribe. Desde ese margen geográfico y cultural, expuso en este texto uno de los argumentos más incómodos en el momento de postguerra, pues relacionó las bases ideológicas del nazismo con las del colonialismo, argumentando cómo en ambos casos se les quitó la condición humana a sus enemigos sometidos. En las primeras páginas del Discurso , Césaire sentencia: Y entonces, un buen día, la burguesía es despertada por un golpe formidable que le viene devuelto: la GESTAPO se afana, las prisiones se llenan, los tortu- radores inventan, sutilizan, discuten en torno a los potros de tortura. Nos asombramos, nos indignamos. Decimos: «¡Qué curioso! Pero, ¡bah!, es el nazismo, ya pasara!». Y esperamos, nos esperanzamos; y nos callamos a nosotros mismos la verdad, que es una barbarie, pero la barbarie suprema, la que corona, la que resume la cotidianidad de las barbaries; que es el nazis- mo, sí, pero que antes de ser la víctima hemos sido su cómplice; que hemos apoyado este nazismo antes de padecerlo, lo hemos absuelto, hemos cerrado los ojos frente a él, lo hemos legitimado, porque hasta entonces sólo se había aplicado a los pueblos no europeos; que este nazismo lo hemos cultivado, que somos responsables del mismo, y que él brota, penetra, gotea, antes de engullir en sus aguas enrojecidas a la civilización occidental y cristiana por todas las fisuras de esta. Sí, valdría la pena estudiar, clínicamente, con detalle, las formas de actuar de Hitler y del hitlerismo, y revelarle al muy distinguido, muy humanista, muy cristiano burgués del siglo xx , que lleva consigo un Hitler y que lo ignora, que Hitler lo habita, que Hitler es su demonio, que, si lo vitupera, es por falta de lógica, y que en el fondo lo que no le perdona a Hitler no es el crimen en sí, el

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