Lagar
59 Nunca se entibió mi noche de guayacán y de espino, como de mirarte así, yo libre y tú no cautivo. Ya no hablas dándome el soplo, mi abedul ensordecido, y yo no digo ni pienso, de bastarme lo que miro. Así sería, mi amor, cuando no éramos nacidos y llameaba nuestra noche de Casiopea y Sirio. Cae en pavesas la memoria; y comienza un futuro divino.
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