Lagar

46 Todavía somos el tiempo, pero probamos ya el sorbo primero, y damos el paso adelantado y medroso. Y una luz llega anticipada de La Mayor que da la mano, y convida, y toma, y lleva. Todavía como en esa mañana de techo herido y de muros humeantes, seguimos, mano a la mano, escarnecidos, robados, y los dos rectos e íntegros, Sin saber tú que vas yéndote, sin saber yo que te sigo, dueños ya de claridades y de abras inefables o resbalamos un campo que no ataja con linderos ni con el término aflige. Y seguimos, y seguimos, ni dormidos ni despiertos, hacia la cita e ignorando que ya somos arribados. Y del silencio perfecto, y de que la carne falta, la llamada aún no se oye ni el Llamador da su rostro.

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