Lagar
28 Hospital Detrás del muro encalado que no deja pasar el soplo y me ciega de su blancura, arden fiebres que nunca toco, brazos perdidos caen manando, ojos marinos miran, ansiosos. En sus lechos penan los hombres, metales blancos bajo su forro, y cada uno dice lo mismo que yo en la vaina de su sollozo. Uno se muere con su mensaje en el desuello del fruto mondo, y mi oído iba a escucharlo toda la noche, rostro con rostro. Hacia el cristal de mi desvelo, adonde baja lo que ignoro, caen dorsos que no sujeto, rollos de partos que no recojo, y vienen carnes estrujadas de lagares que no conozco. Juntos estamos, según las cañas, oyéndonos como los chopos, y más distantes que Gea y Sirio, y el pobre coipo del faisán rojo. Porque yo tengo y ellos tienen
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=