Lagar
182 Emigrada judía Voy más lejos que el viento oeste y el petrel de tempestad. Paro, interrogo, camino, ¡y no duermo por caminar! Me rebanaron la tierra solo me han dejado el mar. Se quedaron en la aldea casa, costumbre, y dios lar. Pasan tilos, carrizales y el Rhin que me enseñó a hablar. No llevo al pecho las mentas cuyo olor me haga llorar. Tan solo llevo mi aliento y mi sangre y mi ansiedad. Una soy a mis espaldas, otra volteada al mar: mi nuca hierve de adioses y mi pecho de ansiedad. Ya el torrente de mi aldea no da mi nombre al rodar y en tierra y aire me borro como huella en arenal. A cada trecho de ruta voy perdiendo mi caudal: una oleada de resinas, una torre, un robledal.
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