Lagar
179 y no oírles más el crótalo que me sigue la carrera. Voy a cruzar sin gemido la última vez por ellas y a alejarme tan gloriosa como la esclava liberta, siguiendo el cardumen vivo de mis muertos que me llevan. No estarán allá rayados por cubo y cubo de puertas ni ofendidos por sus muros como el herido en sus vendas. Vendrán a mí sin embozo, oreados de luz eterna. Cantaremos a mitad de los cielos y la tierra. Con el canto apasionado heriremos puerta y puerta, y saldrán de ellas los hombres como niños que despiertan al oír que se descuajan y que van cayendo muertas.
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