Lagar
177 Puertas Entre los gestos del mundo recibí el que dan las puertas. En la luz yo las he visto o selladas o entreabiertas y volviendo sus espaldas del color de la vulpeja. ¿Por qué fue que las hicimos para ser sus prisioneras? Del gran fruto de la casa son la cáscara avarienta. El fuego amigo que gozan a la ruta no lo prestan. Canto que adentro cantamos lo sofocan sus maderas y a su dicha no convidan como la granada abierta: ¡Sibilas llenas de polvo, nunca mozas, nacidas viejas! Parecen tristes moluscos sin marea y sin arenas. Parecen, en lo ceñudo, la nube de la tormenta. A las sayas verticales de la muerte se asemejan y yo las abro y las paso como la caña que tiembla.
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