Lagar
149 Vengo a ver cuando es de día a la que no tiene día, y de noche otra vez vengo a la que no tiene noche. ¡Y cuando caigo a sus pies, citas son, llantos, siseos, su llamada de lo alto mi fracaso en unas losas! Caigo a sus pies y la pierdo, y corriendo al otro ángulo de la nave, por fin logro sus sangrientos lagrimales. Entonces, loca, la rondo, y me da al pecho y me inunda su lampo de aceite y sangre. Vendría de hogar saqueado y con las ropas ardiendo, como yo, y ha rebanado pies, y memoria, y regresos. Tambaleando en humareda, ebria de dolor y amor, desollada danzaría hasta que ya fue aupada. Desde el hondón de la nave oigo al Cristo prisionero, que le dice: «Resta, dura». «Ni te duelas ni te rindas, y ningún relevo esperes».
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=