Lagar
12 La dejé que muriese, robándole mi entraña. Se acabó como el águila que no es alimentada. Sosegó el aletazo, se dobló, lacia, y me cayó a la mano su pavesa acabada... Por ella todavía me gimen sus hermanas, y las gredas de fuego al pasar me desgarran. Cruzando yo les digo: —Buscad por las quebradas y haced con las arcillas otra águila abrasada. Si no podéis, entonces, ¡ay!, olvidadla. Yo la maté. ¡Vosotras también matadla!
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=