Lagar

11 La otra Una en mí maté: yo no la amaba. Era la flor llameando del cactus de montaña; era aridez y fuego; nunca se refrescaba. Piedra y cielo tenía a pies y a espaldas, y no bajaba nunca a buscar «ojos de agua». Donde hacía su siesta, las hierbas se enroscaban de aliento de su boca y brasa de su cara. En rápidas resinas se endurecía su habla, por no caer en linda presa soltada. Doblarse no sabía la planta de montaña y al costado de ella, yo me doblaba...

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=