Lagar

126 y hablaba igual que mi habla que los pastos calofría. No vino a saltos de liebre bajando la serranía. Subió cortando carbunclos, mordiendo las cales frías. La vieja tierra nocturna le rebanaba la huida; pero llegó a su querencia con más viaje que Tobías... (Al que manó solo una noche en el huerto de olivas no lo miraron los troncos ni la noche enceguecida, y no le oyeron la sangre, de abajada que corría. Pero nosotras que vimos esta agua de la acedía que nos amó sin sabernos y caminó dos mil días; ¿cómo ahora la dejamos en la noche desvalida? ¿Y cómo dormir lo mismo que cuando ella no se oía?).

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