Lagar
119 Ceiba seca En la llanura del Guayas la ceiba se quedó muerta. ¿Cómo es que ella se moría y si murió, cómo reina? Más noble está que de viva, y más alta en su despojo, y aun verídica sigue librada de toda mengua. El viento que pasa no sabe. La mira y no entiende la tierra, y no acaba de morir para que su cuerpo extiendan. La larva y la sabandija tardan en subir por ella y la esperan en dos ríos hormigas rubias y negras. Murió sin hacha ni rayo sin resuello de sequía, murió de haber horizonte raso de sus compañeras. Llano y cielo no me ayudan a acostarla en rojas gredas con el rocío en su espalda y el Zodíaco en sus guedejas.
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