Lagar

104 Corre la ruta frenética como la Furia lanzada, y tú que quieres salvar te quedas a sus espaldas, ámbar nutriendo su arena, sustancia californiana. Entre altos naranjales y pomares que se exhalan, tú no le guiñas al hambre ni a la sed: no más alabas con las cuatro lenguas vivas y la abrasada garganta. Alabas rasgando el día, más a la siesta mediada, y al soslayo de la tarde, ya con las vistas cegadas, tus hijos, como los cinco sentidos, dicen y alaban. ¿Qué eres allí donde eres y estás alta y arrobada, y de donde te abajaste acortando gozo y llama? ¡Qué integra estabas arriba sin ruta y sin invernada! ¡Pobre gloria tuya y mía (pobre tu alma, pobre mi alma): arder sin atizadura e igual que acicateadas,

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