Tala

68 Me salaba los lagrimales y los caminos de mis venas, y de pronto me perdería como en juego de compañera, y en mis palmas, a su regreso, con mi sangre se reencuentra… Mano a la mano nos tenemos como Raquel, como Rebeca. Yo volteo su cuerpo roto y ella voltea mi guedeja, y nos contamos las Antillas y desvariamos las Provenzas. Ambas éramos de las olas y sus espejos de salmuera, y del mar libre nos trajeron a una casa profunda y quieta; y el puñado de sal y yo, en beguinas o en prisioneras, las dos llorando, las dos cautivas, atravesamos por la puerta…

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