Tala

56 color del sueño y de los sueños. Yo soy mujer de la pradera». Subí a la montaña profunda, ahora negra como Medea, sin tajada de resplandores, como una gruta vaga y cierta. Ellas no estaban en las ramas, ellas no abrían en las piedras y las corté del aire dulce, tijereteándolo ligera. Me las corté como si fuese la cortadora que está ciega. Corté de un aire y de otro aire, tomando el aire por mi selva… Cuando bajé de la montaña y fui buscándome a la reina, ahora ella caminaba, ya no era blanca ni violenta. Ella se iba, la sonámbula, abandonando la pradera, y yo siguiéndola y siguiéndola por el pastal y la alameda. Cargada así de tantas flores, con espaldas y mano aéreas, siempre cortándolas del aire y con los aires como siega…

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