Tala

47 El cielo agudo punza lo mismo que la daga y aguija a los dormidos la tensa Vía Láctea. Se viene por la noche como un comienzo de aria; se allegan unas vivas trabazones de alas. Me da en la cara un alto muro de marejada, y saltan, como un hijo, contentas, mis entrañas. Soy vieja; amé los héroes y nunca vi su cara; por hambre de su carne yo he comido las fábulas. Ahora despierto a un niño y destapo su cara, y lo saco desnudo a la noche delgada, y lo hondeo en el aire mientras el río pasa, por que lo tome y lleve la vieja cabalgata…

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