Tala
46 Las ciudades se secan como piel de alimaña y el bosque se nos dobla como arena majada, si olvida su camino la vieja cabalgata… A veces por el aire o por la gran llanada, a veces por el tuétano de Ceres subterránea, a veces solamente por las crestas del alma, pasa, en caliente silbo, la santa cabalgata… Como una vena abierta desde las solfataras, como un repecho de humo, como un despeño de aguas, pasa, cuando la noche se rompe en pulpas claras. Oír, oír, oír, la noche como valva, con ijar de lebrel o vista acornejada, y temblar y ser fiel esperando hasta el alba. La noche ahora es fina, es estricta y delgada.
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