Tala

42 La medianoche Fina, la medianoche. Oigo los nudos del rosal: la savia empuja subiendo a la rosa. Oigo las rayas quemadas del tigre real: no le dejan dormir. Oigo la estrofa de uno, y le crece en la noche como la duna. Oigo a mi madre dormida con dos alientos (duermo yo en ella, de cinco años). Oigo el Ródano que baja y que me lleva como un padre, ciego de espuma ciega. Y después ya no oigo sino que voy cayendo en los muros de Arlés llenos de sol…

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