Tala
41 Gestos La copa Yo he llevado una copa de una isla a otra isla sin despertar el agua. Si la vertía, la sed traicionaba; por una gota, el don era caduco; perdida toda, el dueño lloraría. No saludé las ciudades; no dije el elogio a su vuelo de torres, no abrí los brazos en la gran pirámide ni fundé casa con corro de hijos. Pero entregando la copa, yo dije con el sol nuevo sobre mi garganta: «Mis brazos ya son libres como nubes sin dueño y se mece mi cuello en la colina de la invitación de los valles». Mentira fue mi aleluya: vedme. Yo tengo la vista caída a mis palmas; camino lenta, sin diamante de agua; callada voy, y no llevo tesoro, y me tumba en el pecho y los pulsos la sangre batida de angustia y de miedo.
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