Tala

30 río que en cantares mientan «cabritillo» y «ciervo blanco»: a mi madre que te repecha, como anguila, río trocado, ayúdala a repecharte y súbela por tus vados! ¡ Jesucristo, carne amante, juego de ecos, oído alto, caracol vivo del cielo, de sus aires torneado: abájate a ella, siente otra vez que te tocaron; vuélvete a su voz que sube por los aires extremados, y si su voz no la lleva, toma la niebla de su hálito! ¡Llévala a cielo de madres, a tendal de sus regazos, que va y que viene en un golfo de brazos empavesado, de la canción de la cuna mecido como de tallos, donde las madres arrullan a sus hijos recobrados o apresuran con su silbo a los que gimiendo vamos! ¡Recibe a mi madre, Cristo, dueño de ruta y de tránsito,

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