Tala
235 largos, ella se vuelve lo natural y no lo perseguido… En este momento, rechazar una rima interna llega a parecer… rebeldía artificiosa. Ahí he dejado varias de esas rimas internas y espontáneas. Rabie con ellas el de oído retórico, que el niño o Juan Pueblo, criaturas poéticas cabales, aceptan con gusto la infracción. «Nocturno de la derrota» No solo en la escritura, sino también en mi habla, dejo por complacencia mucha expresión arcaica, sin poner más condición al arcaísmo que la de que sea fácil y llano. Muchos, digo, y no todos los arcaísmos que me acuden y que sacrifico en obsequio de la persona antiarcaica que va a leer. En América, esta persona resulta siempre ser una capitalina. El campo ameri- cano —y en el campo yo me crié— sigue hablando su lengua nueva veteada de arcaísmos abundantes. La ciudad, lectora de libros doctos, cree que un tal repertorio arranca en mí de los clásicos añejos, y la muy urbana se equivoca… «Dos himnos» Después de la trompa épica, más elefantina que metálica, de nuestros románticos, que recogieron la gesticulación de los Quintana y los Gallegos, vino en nuestra generación una repugnancia exagerada hacia
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