Tala

234 Dedicatoria Tardo es mi pago de deudas. Pero en esta ausencia de doce años de mi México no tuve antes sosiego largo para juntar lo disperso y aventado. ¡La paz de los Portugales no se la tuvo antes! «Muerte de mi madre» Ella se me volvió una larga y sombría posada; se me hizo un país en que viví cinco o siete años, país amado a causa de la muerta, odioso a causa de la volteadura de mi alma en una larga crisis religiosa. No son ni buenos ni bellos los llamados «frutos del dolor», y a nadie se los deseo. De regreso de esta vida en la más prieta tiniebla, vuelvo a decir, como al final de Desolación , la alabanza de la alegría. El tremendo viaje acaba en la esperanza de las «Locas letanías» y cuenta su remate a quienes se cuidan de mi alma, y poco saben de mí desde que vivo errante. «Nocturno de la consumación» Cuantos trabajan con la expresión rimada, más aún con la cabalmente rimada, saben que la rima, que escasea al comienzo, a poco andar se viene sobre nosotros en una lluvia cerrada, entrometiéndose den- tro del verso mismo, de tal manera que, en los poemas

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