Tala

232 barcos de fugitivos o de huérfanos. Es la primera vez en mi vida en que yo no entiendo a mi raza y en que su actitud moral me deja en un verdadero estupor. La grande argent ina que se l lama Victoria Ocampo, y que no es la descastada que suele decirse, regala enteramente la impresión de este libro hecho en su Ediciones Sur. Dios se lo pague y los niños espa- ñoles conozcan su alto nombre. En el caso de que la tragedia española continúe, yo confío en que mis compatriotas repetirán el gesto cristiano de Victoria Ocampo. Al cabo, Chile es el país más vasco entre los de América. La Residencia de Pedralbes, a la cual dediqué el penúltimo poema de Tala , alberga un grupo nume- roso de niños vascos, y a mí me conmueve saber que ellos viven cobijados por un techo que también me dio amparo en un invierno duro. Es imposible en este momento rastrear desde la América las rutas y los campamentos de aquellas criaturas desmigadas en suelo europeo. Destino, pues, el producto de Tala a las instituciones catalanas que los han recogido dentro del territorio, de donde ojalá nunca hubiesen salido, a menos de venir a la América de su derecho natural. Dejo a cargo de Victoria Ocampo y de Palma Guillén la elección del asilo al cual se apliquen los pocos dine- ros recogidos. Ruego que no despojen a los niños vascos las edi- toriales siguientes, que me han pirateado los derechos de autor de Desolación y de Ternura , e invoco para ello el nombre de los huérfanos españoles: la Editorial catalana Bauzá y la editorial Claudio García, del Uruguay, son las autoras de aquella mala acción.

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