Tala
231 Razón de este libro Alguna circunstancia me arranca siempre el libro que yo había dejado para las calendas, por dejadez criolla. La primera vez el maestro Onís y los profesores de español de Estados Unidos forzaron mi flojedad y publicaron Desolación; ahora entrego Tala , por no tener otra cosa que dar a los niños españoles disper- sados a los cuatro vientos del mundo. Tomen ellos el pobre libro de mano de su Gabriela, que es una mestiza de vasco, y se lave Tala de su miseria esencial por este ademán de servir, de ser únicamente el criado de mi amor hacia la sangre ino- cente de España, que va y viene por la península y por Europa entera. Es mi mayor asombro, podría decir también que mi más aguda vergüenza, ver a mi América española cruzada de brazos delante de la tragedia de los niños vascos. En la anchura física y en la generosidad natu- ral de nuestro continente, había lugar de sobra para haberlos recibido a todos, evitándoles la estada en países de lengua imposible, en climas agrios y entre razas extrañas. El océano esta vez no ha servido para nuestra caridad, y nuestras playas, acogedoras de las más dudosas emigraciones, no han tenido un desem- barcadero para los pies de los niños errantes de la desgraciada Vasconia. Los vascos y medio vascos de la América hemos aceptado el aventamiento de esas criaturas de nuestra sangre y hemos leído, sin que el corazón se nos arrebate, los relatos desgarrantes del regateo que hacían algunos países para recibir los
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